miércoles, 18 de junio de 2008

La España profunda...




La España profunda, la España de mis entrañas, la que ahora estoy viviendo. He venido a ver a la familia, a pasar diez días de más vacaciones, si cabe; a ver viejos amigos, a contar la historia de aquél autobús de China, o la de la isla de Camboya, o la de las familias musulmanas en Tailandia, las del buceo, las de las motos... Cada nuevo encuentro que requiere un intercambio de información trato de rebuscar en mi memoria algo que no haya contado para trasmitir la energía y no caer en el aburrimiento. La sensación es buena, el shock es bajo, y esto no cambia, así que tampoco a uno le sorprende tanto.

Antes de volar a Madrid me habían comentado que había una huelga de transportes en España, y claro pues uno se imagina las siglas de los sindicatos y un poco de mamoneo, que si unos piden esto y los otros aquello. Algo de lo más común en estas tierras. Antes de volver a Europa, cuando andábamos por Indonesia, la situación que a nosotros nos afectaba y que por la fluctuación de los precios nos interesaba, era la subida del petróleo y la bajada del dolar. De la misma manera, en Inglaterra, donde muchos trabajamos con la satisfacción de que nuestro dinero, al cobrar en libras, se multiplica en Euros; nos topamos con la bajada del habitual cambio 1libra=1.5€ al actual 1libra=1.2€, lo que quiere decir que estamos perdiendo un veinte por ciento de nuestro dinero al cambio.

Así que siendo un humilde viajero y trabajador nómada, me da la sensación de que este juego de rol que es la vida se esta reajustando y regulando, y que los que toman las decisiones muy bien no lo están haciendo, así que tras esas cifras, informaciones y conjeturas volé a España, a distraerme, muy relajado con una sonrisa de oreja a oreja, caído de las playas y los cocoteros a la realidad de antes.

Aquí las cosas parecen estancarse, uno llega a la preciosa estación de Atocha en Madrid, y el jardín botánico espesa el aire que respiramos, y los vaporizadores de agua lo humedecen. Los suelos de mármol que siempre me han resbalado en cada esquina, cuando llegaba tarde a la taquilla del perpetuo regional Madrid-Valencia, que yo tomaba con destino Cuenca. Esta vez iba por atocha lento, saliendo del metro y observando, sonriendo, y despacio. Debía de parecer un videoclip de esos en los que el cantante anda lento, o hacia atrás, o de alguna manera ajena a la realidad que le rodea, así iba yo. Con tiempo para analizar, y sabiendo que no me había sido posible, lo que no quiere decir que no lo sea, comprar el billete por Internet, me dirigí a las taquillas; escudriñando la estación, intentando ver amagos de nuevas tecnologías, cosas tan simples como máquinas expendedoras de billetes con tarjeta de crédito, algo simple y efectivo. Pero no, tan solo unas paradas de autoservicio que te permitían recoger el billete pagado por Internet, cosa que no me servía ya que la web con usabilidad cero, no estaba hecha para mi y vine a la estación con una hora de margen.

España es atractiva, sobre todo auténtica, la gente divertida y el sentido del humor no falta. La espera en las taquillas fue amena y me sirvió para ponerme al día en un improvisado debate sobre el estado de la nación, cosa que se da en cualquier parte, y donde todos participan, y en pocos minutos parece que hemos arreglado el mundo. No se en otros países, ni en otras sociedades, pero en la nuestra no para la crítica, el análisis superficial de los problemas más complejos. De la carnicería a la cola del paro, de esta a la peluquería del barrio, y es que no hace falta ver las noticias, a uno ya le ponen al día los diferentes afectados, lo que a mí me pasa siempre.

Entre la resaca traída de Brighton tras la "Spanish Night", y la desinformación que sufro, me vi avocado a tomar una decisión, ¿Qué clase de ciudadano desconocía que una huelga de transportes había paralizado el país?, así que asumí el papel de exiliado, de extranjero, un poco lo que soy. "Pues qué suerte que andes lejos, porque esto va camino de lo que pasó en Argentina!!..." otro se animaba: "Ya no conceden créditos los bancos, y a ver ahora como vamos a vender...", el de más allá: "Y Atocha como siempre, colapsada hijo, colapsada..!!".

Los titulares del momento me iban llegando como si hubiera sintonizado una emisora de noticias, y la verdad es que menos mal que nos lo tomamos con buen talante, y al mismo tiempo, qué desgracia que no seamos conscientes de lo que se nos viene encima, uno ya no sabe que pensar. Compré mi billete, me subí en el AVE y en 20min estábamos en Toledo.

Mi Padre como siempre un superviviente, una persona demasiado grande para escribir unas pocas líneas tratando de definirle un perfil rápido. Se alegró de verme de vuela y nos fuimos a comer en un típico restaurante de trabajadores, un excepcional menú del día.

En Toledo, el calor sigue pesando más que en otros lugares, no se por qué, pero sospecho que la ausencia de parques verdes y el prejuicio de que siempre que he necesitado una fuente he acabado comprando una botella de agua mineral, me trae esta sensación.

Como nómada que soy, voy dejando algunos contactos claves en los lugares que he residido, ya que los grupos de numerosos amigos, compañeros de clase, etc, con el tiempo van desapareciendo; y a uno tampoco le quedan ganas de hacerse una maratón de vida social, sino que con ver a los más queridos nos vale.

Visité a los más queridos, y como anécdota a destacar, el encontrarme con mi compañero de habitación en Brighton y gran amigo el Punky, en uno de los mejores momentos de su vida.  Se había dejado una barba frondosa, de naufrago coqueto, y con él viajaba Hatt, una amiga inglesa que habla castellano y también vive con nosotros en Brighton. Y aquí estaban, con su furgoneta roja "Royal Mail", recién llegados de marruecos y dispuestos a encarar la carretera de vuelta a UK. 

Era una situación curiosa, algo fuera de lo normal, y genial de que así fuera. Una de las urbanizaciones de Bargas, "Las Perdices" y en ella los de siempre con el ambiente habitual castellano, coches tunning, chismorreos, macarrillas de pueblo... y entre ese eterno escaparate de temporadas atrasadas, la furgo-casa hippie, el barbudo y su colega, Don y yo, generando expectación.

La visita a Toledo fue rápida, pero agradable, el pasar por el templo saholin que es la casa de mi padre, donde no hay cobertura para los móviles, ni Internet, ni teléfono, se hacía necesario. Es un taller de calma y tranquilidad. Y para todo lo demás mastercard, ¿o no?



domingo, 15 de junio de 2008

Back to business, Brighton UK.

Hemos vuelto a UK, hemos caído de lleno en la vida de occidente, felices de haber explorado, habernos relajado y felices de que las pilas lleguen cargaditas; ahora estamos listos para lo que nos echen. Ayer me llegó este vídeo de una amiga por mail... no dejéis de verlo.


video

Hace poco escribí:

"A diez días del final del viaje siento vértigo, vuelta a encarar Europa con seriedad, pero esta vez sintiéndome un poquito más extranjero. Vivo en Brighton, o eso digo, es donde decidí este viaje, donde lo preparé y de donde partí; lugar de donde recibo mails de trabajo y el sitio que aloja mis pequeños proyectos, y desde allí se extiende todo lo demás. Por lo tanto, si ya me sentía extranjero en UK viniendo de España, ahora, habiendo pasado por Asia, conociendo un poquito más de este gigantesco mundo, y alguna más de sus incontables sociedades, esta sensación se va a ver potenciada, al menos en mi llegada.

Me doy cuenta de que quiero volver a este escenario cuanto antes, al césped verde bajo los cocoteros y la playa de arena blanca al frente; quiero volver a ser extranjero allá donde vaya; con mi identidad, familia y amigos, y mi patria en el corazón. Pero un eterno extranjero.

En parte digo esto porque España está podrida, no hay por donde cogerla; me refiero a su gestión basura, a sus títeres diabólicos y a la masa ciudadana, que todo legitima con sus votos cada cuatro años. Y ese es mi país, con mi gente, el arte que entiendo, la comida que me gusta, pero al mismo tiempo la cruda realidad, de no poder ser libre dependiendo de incompetentes. El tópico real de ser una víctima del sistema.

Ayer Xavi fue al pueblo a hacer unos encargos y casualmente pudo ver el telediario de TVE1. Vino contando que más de lo mismo, politiqueo basura, brutales maltratos, al parecer vio a una mujer apuñalada en el cuello por su marido, y pescadores en huelga, además de un camión repleto de explosivos que volcaba sin deflagrar en el sur de España.

Hoy estaba hojeando dos ediciones de "The Economist", un magazine de economía bastante interesante, con noticias del mundo entero, y ni una de España. Reportajes sobre las olimpiadas de Beijin, NATO y la Europa del este, Francia, Alemania, Oriente Medio, diferentes países de África, hasta Guinea Ecuatorial; pero no España.

No se nos oye más que en el fútbol, el negocio que si se nos da bien, pero no en ciencias, ni en política seria. Me parece de risa que nuestros presidentes no hablen Inglés, y que ronden, en los pasillos, a los grupos de dirigentes europeos discutiendo fluidamente; me imagino a ZP frunciendo el ceño y tratando de recordar el último curso rápido de "bussines english".

Me contaba una amiga que intentó informarse en la oficina de inmigración de Murcia si su novio, Australiano, podía extender su visado de turista, y qué ley contemplaba su regularización en nuestro país. Y tras mandarla de aquí para allá terminó consultándolo en comisaría, y el policía que la atendió le dijo: - Hija mía, si en este país ya no hay ley que valga, si hasta los maricones se casan!!!-.

Pero eso sí, en el mundo se nos adora, fuera de Europa claro, que ahí todavía somos un poco salvajes. En Indonesia pronuncian la Ñ, no somos Spanish, ni de Sapain, no, somos Españoles. Y solemos dejar un recuerdo de gente cálida y cercana, agradecida y divertida.

Así que me alegro de no estar formando parte de la locura social de mi país en primera persona, me alegro de poder verlo desde fuera, con rabia, pena, o emoción; pero desde fuera. Y mientras tanto ir conociendo la vida de otros, y darme cuenta de lo afortunado que soy, siendo europeo, que se me permita viajar libremente, que mi dinero se multiplique en estas latitudes, es una felicidad egoísta, pero es la que hay.

Con todo esto quiero llegar a conocer el mundo más allá de sus fronteras, me voy a adjudicar el derecho que nadie nos otorga gratuitamente. Voy vivir mi vida para entender la de otros. Y es que los idiomas, las culturas, las creencias... todo está ahí para ser visto comparado y estudiado; y la meta general suele ser diferente, suele centrarse en formar parte de la cadena de producción a la que pertenezcas, y morirte sin saber nada de nadie, humanos como tú y países como el tuyo.

Esto no es un drama, es un grito de ánimo, esto es una llamada de atención para los que podéis, y un alarido de terror a los que lo frenáis, que tristemente no me leerá ninguno, pero por si llega, nunca está de más.

Esto lo estoy escribiendo desde el paraíso, y es que parece mentira, pero son conclusiones que vienen muy a cuento, ya que en diez días lo que me despierta cada mañana va a cambiar, y el sentimiento de estar vivo no será tan atractivo como aquí."

Pero no, todo depende, todo es relativo, y el ser humano se adapta de maravilla al entorno que sea. Yo ya estoy hasta arriba de llamadas, mails, sentado en la ventana de mi habitación sacando 5 min para escribir en mi blog atrasado, y no me siento raro, me despierto cada mañana agradecido de que el mundo me haya puesto en esta posición tan privilegiada, con sus más y sus menos.

martes, 10 de junio de 2008

Operación: PARAISO


Para situaros: estamos en la bahía de un parque natural, en Iboh, en la isla más al norte de Indonesia, a una hora en barco de Banda Ache; el lugar en cuestion se llama Pulau Weh. El característico instrumento indú "citar", destaca entre los acordes que salen de mi portatil, y el agua suena a mis pies bajo el suelo de madera de mi bungalow, donde el mar resbala; como popa de un barco encallado en unas rocas y enfrente, un arbolado cepillo de cerdas verdes, de frutales, cocoteros y plantas tropicales; se llama Rubiah Island y es una pequeñita escisión en la bahía, que crea un ancho canal de mar con corrientes y corales, que es el que nosotros encaramos.

Cada mañana nadamos un buen rato, y la magia psicodélica del mundo submarino nos envuelve. Buscas bajo las mesas de coral rayas de puntos azules, o pulpos mimetizandose con las rocas y el coral. Huyes de los fornidos Trigger Fish que levantan su gatillo mostrándote su enfado. Vas a ver a Nemo, que vive en las Anémonas, en pareja y que si te acercas salen a defender su casa, pequeñitos, coloridos y elegantes, además tras la película en su honor resultan más cercanos que nunca. Los Cleaning Fish te mordisquean el oido si te paras en su "estación de lavado", y si tienes heridas con costra te la arrancan, cosa que puede ser dolorosa, pero lo hacen de buena fe, su función natural es limpiar la piel muerta de otros seres como nosotros y la de sus colegas los otros peces. Y esto solo con unas gafas baratas que se empañan.
Buceando estas aguas es otra historia, y esa es una de las razones por las que vinimos. Estos iban a ser nuestros primeros "fun dives", buceos recreativos, y tal vez los últimos por un tiempo, así que buscamos el centro de buceo barato, seguro y con buen ambiente, así como grupos reducidos, un buen guía y que con nuestra baja experiencia nos permitieran hacer inmersiones complejas, divertidas y con acción. Mucho pedir, ¿verdad?, pues lo encontramos.

Tras pasar por el centro de buceo de nuestra playa, por Rubiah Divers, nos pudo el ambiente de "posh" de los buceadores. Es un deporte caro y a veces coincides con este tipo de público: comparándose, midiéndose entre ellos y juzgándote; intentando ponerte a prueba con su charlatanería técnica que no tienes por qué saber, o que con el tiempo ya aprenderás. Con su pan se lo coman, pensamos, les dejamos excitarse mutuamente con sus cenas de familia casi sectareas, y sin saludarte cuando pasas, como si no nos conociéramos en una playa donde no hay más de 50 turistas.

Y claro está, donde hay un extremo, existe el otro, el rincón del exiliado, y allí nos dirigimos. Primero pasamos por Lumba Lumba, que es el centro más profesional de la isla, dirigido por holandeses, pero nos pareció demasiado pro para unos humildes mochileros como nosotros.
Y el final de nuestra búsqueda llegó cuando conocimos a Steffen. Llegamos a su tienda al descartar Lumba Lumba y ver, en la misma playa, el lugar más "costra" (expresión nuestra, todo un concepto) que uno se pueda imaginar, con divertidas pinturas sobre madera del dueño fumandose un cigarro caricaturizado diciendo, "Divers!! move your ass!!".

Él estaba sentado en los bancos donde se cuelgan los equipos, fumandose un cigarro y leyendo el periódico. Será un hombre de unos cincuenta años tirando bajo, con pocos pero orgullosos dientes, pelo largo con coleta y tambien escaso. Le preguntamos por los precios, y fue positiva la respuesta, él cobraba en moneda malaya, país donde tiene dos escuelas de buceo desde el 91 y donde él empezó a bucear en los setenta. Además toda la dinámica actual del buceo no le ha corrompido y él se regocija de no importarle los "PADI standars" si no los suyos.

PADI (Professional Association of Diving Instructors), es un ente extraño que domina el mercado del buceo y lo regula a su manera. Es la empresa más extendida, la más comercial y la que abre las puertas del buceo a todos los públicos. En casi todos los centros de buceo hay un símbolo de PADI dando a entender que disponen de instructores que imparten estos cursos, aunque el centro en sí no lo sea. También en el ámbito profesional es ventajoso, ya que se dispone de una gran bolsa de trabajo para Dive Master, Instructores, etc; para trabajar en cualquier parte del mundo.

Dada la complejidad de la estructura del mercado del buceo, y sus empresas, cursos, negocios, etc; no voy a profundizar mucho en ello, sino que os voy a contar mi experiencia en nuestros primeros "fun dives" con Steffen.

Kolo (en la foto,la buceadora de estranjis agarrada a nuestro guía. Por favor no intentar esto en casa) que es Dive Master, pero llevaba casi un año sin bucear, pidió un buceo facil para empezar y encontrarse de nuevo inmersa en las profundidades, de forma relajada y sin dificultades técnicas que la estresaran. Nosotros veníamos con el Advance fresquito de Ko Tao y dispuestos a lanzarnos a cualquier cosa, pero nos vino bien este primer buceo sencillito para conocernos todos bajo el agua, y demostrarle a Steffen que podíamos pasar a la acción en las siguientes inmersiones.

Ese día ya puestos hicimos otra inmersión tranquilita pero muy curiosa: visitamos un volcán submarino, sin crater definido y sin estar en lo alto de una montaña, pero con una base resquebrajada, con aire caliente empujado desde el centro de la tierra, y restos de azufre amarillo y maloliente por todas partes. Los peces utilizan las burbujas para limpiarse y hacer su paradita de relax, como el humano en un balneario.

Steffen no nos pidió certificados, ni experiencia mínima para pasar a la acción, comprobó en esas dos sencillas inmersiones que estábamos preparados para el resto.

Al día siguiente partimos en el "speed boat" y nos dirigimos al extremos de Rubiah Island, donde hay otro islote y las corrientes del norte confluyen, haciendo el buceo fácil y tranquilo en unas zonas e imposible en otras. Por esto es importante ir con un guía que conozaca la zona y sepa leer bien la dirección e intensidad del agua, para sacarle el mayor partido a la inmersión.

El punto se llama Batee Tokong, donde obtuvimos la acción que pedíamos. Saltamos de la lancha sin aire en los chalecos para iniciar la inmersión de inmediato y así evitar que nos arrastrase la corriente en superficie, nos reagrupamos protegidos en unas rocas y rodeamos el islote a una profundidad de 25 - 30 metros, menos Xavi que rozó los 45 metros, distraido jugueteando con un pez. Todavía discutimos si fue causa de la narcosis (embriaguez producida por el nitrógeno a partir de cierta profundidad) o no.

En este lugar el escenario es mágico: a un lado la vasta pared de roca plagada de coral y bancos de coloridos peces pequeños moviendose entre las bestias. Morenas, rayas, meros, atunes, tiburones... Y cientos de tipos de coral. Tú flotas en el vacío, con el abismo perdiéndose en las profundidades. Entre las rocas multitud de morenas con su bostezo eterno acechandote, y los "scorpion fish" se camuflan cambiando de color y mimetizándose con el coral y la roca.

Una vez recorrida la pared de roca y coral, Steffen nos hizo la señal de corriente, y nos indicó que le siguiéramos, el océano nos impulsó a una velocidad de vértigo, jamás pensé que buceando se pudiera ir tan deprisa; ascendimos bastantes metros en muy pocos segundos, esto me preocupó, pero Steffen sabía lo que hacía. Xavi culeaba como un coche de rally y levantaba el puño como supermán, yo me quedé pegado a un par de rocas que no pude sortear, con el regulador y la máscara separándose de mi cara por la fricción del agua.

Cuando llegamos a la cima de esta elevación submarina nos refugiamos de la corriente que nos había hecho volar, detras de las formaciones rocosas del final de la ascensión, pero todavía a unos diez metros de profundidad. En este punto descansamos, nos miramos e hicimos las señas de OK; las burbujas que salian de nuestro regulador ascendían gentilmente mientras la roca nos cubría, y después echaban a volar con las aguas violentas que las mandaban al vacio azul oscuro. Era como estar resguardados de un huracán. Se podía ver clarísimamente la termoclina distorsionando la visión, de la misma forma que el calor hace borrosa la imagen de una recta de asfalto. Cuando la corriente caliente te golpea es como un baño de sales en el fondo del océano, y cuando es la fria la que acecha, la cosa cambia.

Con esta inmersión descubrimos el nuevo mundo del drifting, la sensación de volar y los cambios de temperatura, y sobre todo la gran cantidad de vida que generan en las zonas donde confluyen las corrientes.

Visto nuestro entusiasmo, el segundo buceo fue más de lo mismo pero de mayor intensidad. Parecíamos comandos saltando del bote a toda velocidad, con más lastre de lo normal, descendiendo cabeza abajo hacia unas rocas donde tendríamos buenos agarres, donde descansaríamos y donde nos sería posible reagruparnos. Yo no entendí nada de todo este proceso hasta que estuve dentro del agua, ya que el único problema de Steffen es su inglés macarrónico, y el aire que se le escapa por los huecos de los dientes que le faltan. Así que cuando salté me dí cuenta de que la corriente me arrastraría hasta el infinito si no descendía a un punto de agarre cuanto antes. Entonces vi a Xavi haciendome señas desde un pináculo de roca, nos cogimos de las muñecas para sujetarnos, busqué los agarres y nos estabilizamos; lo mismo hicimos con Kolo, y cuando Steffen bajó ya estábamos todos. Hicimos la señal de OK y, a volar!!!! Fue otro drifting increible, lleno de acción y psicodelia submarina, justo lo que queríamos.

Tras estos maravillosos dives, Steffen marchó a Malasia de vacaciones, y nosotros volvimos al tubo, las gafas, y al coral de nuestros baños matutinos. Finalmente hicimos varios fun dives con Rubiah Divers, y no lo pasamos mal, de hecho las fotos que aquí veis son de aquellas inmersiones, pero como Steffen nada. El relax de Iboh es extremo, y su gente muy acogedora, saben cuidar al turista y lo hacen de forma cálida y cercana. Para muchos el lugar anda falto de servicios, de ocio y de dificil acceso; pero si ya has tenido suficiente, es el mejor lugar para tumbarse en la hamaca y respirar.

Es imortante contar que hasta en las hamacas uno esta en peligro. Lo digo porque tras una agradable siesta, me estiré, desperezándome y puse mis brazos detras de la cabeza. La hamaca sujetaba mi espalda, pero no mi hombro que en ocasiones tiende a dislocarse; y eso es exáctamente lo que ocurrió. Volvió a su sitio en menos de un segundo, pero el dolor, y la tendencia incrementada de que el hombro vuelva a salirse no me hicieron ninguna gracia. De hecho, pasados un par de días, creyendome recuperado, me lo volví a dislocar subiendo al barco de nuestro amigo Wawan, y esta vez fue bastante más violento. así que con mi vuelta a casa va a tocar la visita al fisioterapeuta.

En Iboh se da un gran mestizaje turístico, desde locales, voluntarios de ONG´s, mochileros, buceadores; hay poca gente pero de muy diversos backgrounds. Y dada esta diversidad, hemos conocido a algunos personajes muy interesantes:

El primer día conocimos a una psicóloga alemana que trabaja en Phnom Phen, capital de Camboya, y se encarga de asistir a testigos que declaran en el juicio, todavía hoy abierto, para procesar a los principales Khemeres Rojos, responsables de perpetrar una de las barbaries más sangrientas de nuestra historia contemporanea, todo un historión.

También conocimos a un hombre que trabajaba para el Comité Cruz Roja Internacional, normalmente encargado que en zonas de conflicto se respeten los diferentes tratados sobre cómo una guerra debe llevarse a cabo, incongruencias de nuestro lindo planeta. En este caso, aunque en Banda Ache el conflicto entre independentistas musulmanes y el gobierno haya cesado tras la catástrofe del sunami, CICR sigue presente en una gran feria de negocios humanitarios, que se ha convertido en un "play ground" de corrupción y ONG´s alimentando la gran fiesta de lo humanitario. Es un concepto muy personal de esta parte del mundo. Las calles estan llenas de coches de las Naciones Unidas, con sus antenas de conexión via satélite, y mientras las inyecciones de dinero alimentan el crecimiento de estas asociaciones, a otros lugares como Pulau Weh no se le reconstruyen ni las carreteras.

Este hombre, ahora se dedica a entrevistar a presos occidentales en carceles de Indonesia, comprobando que se respeten los derechos humanos en las prisiones. La gran mayoría de las personas occidentales que complen condena en Indonesia, son parte de otra cadena de producción de corrupción, de otro negocio estatal de gran magnitudo. Gente que ha sido arrestada por fumarse un porro, que a su vez se le ha sido ofrecido y suministrado por el propio policía que le arresta; y mientras cumple condena los carceleros fuman librementet en las instalaciones de la prisión. Es toda una incongruencia real que muchos viven y que no le deseamos a nadie.

domingo, 8 de junio de 2008

Buceo en Pulau Weh, Indonesia

Otro video de la super editora Colomina, gracias Kolo!!!

Video de Kolo @ Lake Toba

Rutas en moto por Lake Toba, Indonesia.

martes, 3 de junio de 2008

Puerto de Belawan y Medan, Indonesia.

Llegamos a Belawan, uno de los puertos más grandes y con más tráfico de toda Indonesia. Al bajar los agentes de inmigración nos tendían la mano dándonos la bienvenida al país, un lugar pobre, pero desde el primer paso, demostrando amabilidad y educación.. Lógicamente viniendo de George Town, y de la infraestructura malaya, Sumatra iba a ser como una vuelta al viaje de China y a la dureza que supone el que le falten servicios al turista. Pero no, de duro no tuvo nada, era solo una sensación, al verte de nuevo rodeado del desastre fronterizo, y del aspecto dejado de estos lugares.

El uniforme policial, era de lo más ortera y anticuado, de color azul oscuro, con los pantalones por dentro de las botas de cuero negro y empeine blanco, parecido a los zapatos de Michael Jackson; y con una cartuchera de cuero blanco también, que hacia de cinturón y le cruzaba por el pecho. El hombre era fornido y con bigote, como cualquier guardia civil de la España profunda.

Salimos de la terminal y nos embarcamos en un autobús local, viejo y cargado al máximo, como de costumbre, que cubría la ruta Belawan - Medan. La ruta transcurría por autovía, en buen estado, y a ambos lados una imagen impactante: vastas extensiones de terreno cubiertas por un manto de agua, poblados con barricadas en las puertas y niños jugando con el agua en las calles, más niños cruzando libremente la autovía y saltando de los puentes al rió, y más agua. Parecía una catástrofe a simple vista, pero en la cara de la gente no se veía signo alguno. Pregunté y se trataba de la marea, que cada día, cuando estaba alta cubría las tierras bajas de la gente pobre que ya estaba más que acostumbrada a vivir con ello.

Llegamos a la capital, todo era caos y diversión, algo diferente de lo visto hasta ahora sucedía, pero no sabíamos muy bien el qué. La gente al cruzar miradas saludaban, policías y niños, daba igual, desde la calle gritaban al autobús. Llegamos a la mezquita principal, Masjid Raya, centro neurálgico de la urbe, y al bajar un grupo de chicas estudiantes nos rodeó, queriendo practicar su inglés todas a la vez, dándonos la mano, riendo, bromeando. La situación rompía lo tópicos, un grupo de niñas cubiertas por su velo musulmán enloquecían con nuestra presencia, nos tocaban, saludaban, y hasta desde la lejanía nos tiraban besos; y es que la gente es gente allá donde vayamos, independientemente de su cultura o religión y en este caso, topamos con un grupo de estudiantes en el recreo que encontraron una fuente de diversión fuera de su rutina diaria, supongo.

De todos modos, el ambiente seguía siendo de locura desatada, de risas desmedidas y desconcierto general. Nuestra intención era dirigirnos hacia el lago Toba, en el centro de Sumatra, de origen volcánico y con un tamaño de 100km de largo por 30km de ancho. En el medio aloja un viejo volcán, la erupción del Toba ha sido fechada hace unos 73.000 ± 4.000 años. Se ha estimado un índice de explosividad volcánica de 8, lo que la convierte en el ejemplo más reciente de una erupción supervolcánica, y probablemente en la más poderosa erupción ocurrida en los últimos dos millones de años. Por lo tanto, para los que temen por nuestra seguridad en el lago Toba, han de temer por la suya también, ya que el mundo entero sufriría el desastre.

En estos viajes a uno nunca le faltan guías, asesores o amigos; en cuanto el grupo de estudiantes se dispersó, los conductores de tuc-tuc vinieron al acecho, y era el momento de ser listos, de no dejarse estafar, pero a la vez de no perder la oportunidad de ser ayudados. Uno de los conductores nos inspiró gran confianza, ya que había dos formas de dirigirse a Toba, la vía "falang", y la forma local, dos transportes similares pero con una abismal diferencia de precio.

Nuestro conductor se llamaba Roberto y era la primera persona en Indonesia con la que interactuaríamos de verdad, con la que comprobamos el carácter de su gente y quien nos cruzo la ciudad contándonos cosas de aquí y de allá. Nos sorprendió la gran simpatía hacia los españoles, la facilidad de su idioma, con sonidos claros y básicos, algo tribales, que en parte recordaban al euskera.

La simpatía de los indonesios, su carácter alocado y lleno de energía nos tenía cautivados, mirando desde el moto-carro de Roberto. Los motoristas se ponían a nuestra altura y nos preguntaban que de dónde éramos, y desde los coches la gente bajaba las ventanillas para saludar. La ciudad aloja un tráfico atronador, con calles anchas de dos carriles para cada dirección y una mediana con árboles o algo de vegetación. En cada intersección, sin semáforos ni señales de preferencia, los vehículos fluyen, se mezclan, con el cantar de las bocinas, y todo continua, sin choques ni gritos, solo el rugir de los motores.

Al final de esta introducción al país, llegamos a la estación de autobuses, y Roberto nos subió en el de los locales, a 30.000 rupias por persona y no a 250.000 como nos pedían en el de los turistas, Roberto se conformó con 30.000 entre Xavi, Kolo y yo; y nos despedimos hasta quién sabe cuando. Adiós Roberto!!

domingo, 1 de junio de 2008

Malasia experience

Viajamos de Hat Yai a Penang (George Town), una isla al noroeste de Malasia, muy conocida como lugar de tramitación de visados y como puente al norte de Sumatra, nuestro caso. El viaje, en mini van, y curiosamente sin paradas en restaurantes que dan comisión a los conductores, nos costó 250 Bats.

El paso fronterizo de Thailandia a Malasia, uno más, pero con la curiosidad de que inmediatamente después de anunciar la pena de muerte por consumo de drogas en multitud de carteles, podíamos comprar camisetas con la hoja de marihuana y demás simbología contradictoria a su aterradora política, la horca.

El uso del alfabeto romano, las autopistas, los cochazos, y ya no todos pick up, como en Tailandia; dan a Malasia un aspecto de país rico frente a los que le rodean. También, al menos en Penang, la población habla inglés, y a su vez todo esta traducido al chino, lo que resulta muy curioso, ya que te ves en un país musulmán, desarrollado, que te transporta al oriente de los países árabes, pero con una tremenda mezcla de indús, budistas y chinos, compartiendo el cantar de los muecines que llaman al rezo cada día.

Nos alojamos bastante barato en el centro de la ciudad, cerquita del puerto de donde sale el fery a Sumatra, nuestro último destino antes de volver a casa. Una habitación para tres nos costó 25 Rupias, que viene a ser 250 Bats.

A pocos minutos andando hay un barrio conocido como "little india", que según las guias es como un viaje rápido a las entrañas de este país, pero según Colo, que de India sabe bastante, un barrio de ciudad en India sin suciedad, basura ni mendicidad; trístemente se parece poco a la India. La comida estaba bastante buena y la música sonaba en la puerta de cada establecimiento a todo trapo. Además vendían todo tipo de avalorios para las mujeres, como pulseras de cristal y piedras para pegarlas en la piel.

Tras "little india" un enorme centro comercial, que visitamos con la morriña de Europa. Cinco plantas de moda inglesa para chicas provocativas, que no se a quienes aplicará en un país de velo, además de tiendas de electrónica y todo lo que ya sabemos que aloja un centro comercial.

Nosotros fuimos allí a relajarnos y a cenar como reyes, y así fue. Primero encontramos una tienda de sillones de masaje, máquinas de reflexología de altísima tecnología, atriles que temblaban para reducir la grasa de culito y barriga, y un largo etcétera que probamos del primer al último de los productos. Y después de los masajitos nos dimos un homenaje de shushi, en uno de estos restaurantes que tienen una cinta transportadora donde los platos, diferenciados por colores, circulan por las mesas y la barra para que elijas el que quieras. Para mí esta nueva forma de tapeo fue una perdición, que me habría arruinado el fin de semana en cualquier otro lugar, pero aquí por seis o siete euros, me hinché a shushi; desde salmón crudo, algas, cangrejo, arroces y todo con salsa de soja y wasaby, que es una forma muy rica de comer picante.

Esta mañana hemos venido a coger el ferry hacia Sumatra, y sin comerlo ni beberlo, nos vamos con una rutilla muy bien definida, gracias a los amables consejos de la gente que trabaja en el puerto.

El barco es uno de estos rápidos, con apenas puente donde salir, y con butacas de avión y televisión, bar y esa clase de facilidades. Una de las curiosidades es que a la entrada nos separaron, y la cosa es que no se muy bien en que tipo de grupos, el que sí que está bien definido es el de los turistas, en una parte del barco, y los demás en otra, con menos espacio, y en un nivel más alto, por lo tanto con más movimiento y cerquita del baño por aquello del aroma.

La programación de la tele empezó muy bien, con la mítica serie para niños, "Barrio Sésamo", que nos hizo volar sobre los resquicios de nuestra infancia, y después se fue corrompiendo, como todo; y pasando por un par de películas de bajo presupuesto, desembocó en un disparate de videos de música árabe, con una estética más que provocativa y a un volumen atronador.

Gracias a Dios que fue un fallo de la tripulación con los ajustes de nuestra zona, la de los turistas, por eso de que ellos no bajan, faltaba testar estos ajustes. Así que la solución fue fácil, pedir que bajaran el volumen de nuestra sala, y por unanimidad apagar nosotros mismos la televisión, en aquello que parecía una clase sin profesor.

Y llegamos a Belawan, Indonesia.

Tonsai time...!!

17 Abril 2008

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Sentado en la terraza del Freedom, observando el atardecer, a los escaladores encaramados a las chorreras de roca caliza, una placentera sensación recorría mi cuerpo y me sentía en el mismo paraíso, entonces vi magia en el lugar y escribí:

"Con la vuelta a Tailandia la buena vida, las ensaladas de frutas tropicales cada mañana, el "chai-thai", té chai dulzón con leche condensada, con o sin hielo, acompañado de bolas de "sticky rice" y coco rallado. Las actividades deportivas, el hacer amigos, tanto de aquí como hermanos viajeros; o los de allí, que enamorados, se han asentado en estas latitudes.

Con la vuelta a Tailandia las islas, los barecitos modernos hechos de bambú, los rumores de fiesta, la estética reggae, la buena música, el mestizaje, las peligrosas "lady boys", los thai cachitas alternativos y elegantes, algo tímidos, según algunas comentan, y seduciendo con buen talante a las europeas de piel blanquita y pechos sonrosados. Las tailandesas, vacilonas, divertidas, conscientes de su realidad y modernas.

Con la vuelta a Tailandia, los retretes de siempre, donde cagar sentado una cena de especias indias, se hace más fácil que las cuclillas del resto de Asia. Los festivales, "Job2do", un grupo reggae thai del que ya somos grupis, que hasta cantamos sus canciones. La marihuana prensada en grandes tacos, también característica, y las familias reunidas alrededor del bong en la recepción del negocio familiar; Papa y Mama presidiendo, personajes incondicionales de la reunión, y es que es así ,literalmente, como llaman a sus respetables mayores.

Con la vuelta a Tailandia la conexión inmediata, el no atormentarse con si es o no de buena fé esa risa, o esa mirada; el saber casi con certeza que la hostilidad es nula, y que se te brinda la oportunidad de unirte a un chiste, o una conversación con nuevas formas de interpretación y gran riqueza cultural.

Me refiero que, en ningún sitio como en Tailandia me he sentido tan respetado y enriquecido, por una población tan entrañable y cercana. Uno ve en Tailandia la oportunidad de vivir una vida a la española, con una altísima calidad de vida, servicios a la altura de occidente y con una filosofía y un saber estar en sociedad, del que parece que tenemos mucho que aprender..."

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Pero no, no todo es de color de rosa, llegamos a Ton Sai que lógicamente nos conquistó, allí conocimos a Kolo, que desde entonces viaja con nosotros, y nos contó la realidad del lugar, los juegos de las mafias, la organización del lugar, los intereses de los tailandeses, los celos, los ajustes de cuentas, y un larguísimo etc. Ella vivió allí durante dos años, en el mismo entorno y con la misma familia en la que, por cosas de la vida, nosotros habíamos caído.

Desde esta fecha, el 17-04-08, hasta nuestra salida de Tailandia el 04-05-08 las historias se multiplicaron y tocamos los límites de la profundidad del viaje, los escritos se atrasaron, y el relato de lo ocurrido no es lo suficientemente simple como para hacer un resumen rápido y colgarlo en Internet.

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Papa & Mama, gracias por todo!!!

Conocimos Ton Sai en profundidad, sus secretos, y sus mecanismos; fuimos acogidos por los Rangers del parque nacional de las Koh Phi Phi en nuestra acampada pirata, marchamos con Papa y Mama, una vez cerrada la guest house de Tiukao, a Song Khla, zona conflictiva de Tailandia, donde los musulmanes luchan por su independencia, y fuimos a vivir en su getto, un pequeño barrio musulmán, pegado a una zona de bases militares donde viven miles de soldados, y donde el trafico aéreo de helicópteros no para de la mañana a la noche. En las calles hay barricadas y controles, pero en el barrio se vive otro ambiente; los cantos diarios nos cautivan cada día, y la gente es hospitalaria como en ningún otro sitio.

Todo esto lo acompañaremos de fotos y vídeos más adelante, pero ahora hay que asentar toda la información obtenida y contaros la historia con detalle.

Cosas del destino, Ranong

Terminados los trámites burocráticos a los que habíamos venido a Ranong, decidimos marcharnos hacia Krabi, a las playas de Ton Sai y Railay, donde la escalada es el máximo atractivo, los precios son baratos, las aguas limpias, y el ambiente relajado, o al menos eso era lo que nos habían contado.

Llegamos a la estación de autobuses y encontramos allí al taxista que nos recogió al llegar de Chumphong, y que fue víctima de la carrera sin victoria para sellar el pasaporte. Nos informó de que no era posible ir a Krabi hasta la mañana siguiente y que nos íbamos a tener que quedar en algún hostal de la zona.

Nos alojamos en "Magnolia Guest House", lugar lúgubre, más de paso que ningún otro, situado en la misma estación de autobuses, y con dos curiosas hermanas regentándolo; una gorda, con carácter fuerte y puro nervio, y la otra delgadísima, con una amable sonrisa en su cara de adulta machacada, y pelo corto.

Aquella noche en Ranong parecía no tener nada de interesante, nuestra única misión en la ciudad era salir de allí dirección Krabi, y no era posible hasta la mañana siguiente. Además la guía de viaje lo terminaba de confirmar, no recomendaba Ranong para nada más que hacer visas o de camino a algunas islas.

Pero tras la tranquilidad de la tarde viendo algunos vídeos, ya de noche nos fuimos a pasear, y mirando al cielo unas luces se cruzaron. Enfocaban el infinito con movimientos mecánicos y periódicos, dando a entender que en el lugar de origen se cocía algo, o al menos ese es el concepto que nosotros tenemos, menos en el caso de Batman que es para llamar al super héroe.

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Nos acercamos desde la oscuridad de la rivera del rió, y poco a poco fuimos definiendo una fiesta popular, primero vimos el escenario a un lado del rió, con fuentes de colores moviéndose al ritmos de la música, y al otro lado se extendía una feria. Una feria en condiciones, una feria enorme, una feria familiar y cercana; y según nos acercábamos sentíamos la excitación de un niño cuando la feria llega a su ciudad.

Una vez dentro, recorrimos los puestos, y empezamos a asimilar el descubrimiento. La feria de aquella ciudad provinciana, de aquel enclave sin atractivo, nos estaba sorprendiendo. Los precios de risa, y la comida increíble, desde paella, callos, sushi, pinchos, pasteles, insectos, pescados... hasta las tómbolas del perrito piloto, las escopetas de feria; una exposición de coches "tunning", pero sin el macarreo que en España conlleva, y mucho más estéticos; también había un cine de verano, en la lejanía, por el aparcamiento, donde los jóvenes irán a meterse mano; y al lado del cine unos coces de choque salvajes, con música máquina y verjas alrededor, para que las bestias no salgan supongo, o para que los mirones no se lancen a la pista.

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Nosotros comimos para un mes, probándolo todo; alucinábamos con no encontrar ni un solo turista, todo a precio local y rodeado de tailandeses disfrutando una feria como nosotros la entendemos, me sentí muy acogido y cercano a aquella fiesta.

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Tras comer y pasear nos dispusimos a ver qué alojaba aquel escenario tan sólido. En el intermedio las fuentes del rió hacían formas y colores; una sencilla coreografía que hacía la espera amena. Entonces se puso a tocar un grupo de reggae y nos recordó a "Job2do", al festival de Pai, y nos sentamos como todos los demás observando un movido concierto desde el suelo, los tailandeses no suelen saltar y bailar en los conciertos; y digo no suelen porque al mirar a nuestra izquierda vimos a un pequeño grupo de "falangs" con los thais occidentalizados, de rastas y estética hippie, bailando como en un gran festival. Allí estaba también uno de los buceadores que habíamos conocido en Ko Tao, y nos preguntó que si conocíamos a "Job2do", entonces entendimos todo: No era una verbena cualquiera, era el grupo cabeza de cartel del festival de Pai, era el grupo de reggae tailandés del que nos sabíamos canciones y del cual andábamos siempre buscando su disco.

Saltamos como poseídos el resto del concierto, haciendo amigos Thai y comentando el que muchos habíamos coincidido meses atrás, al norte del país en el festival de Pai. Cuando llegaron a las últimas canciones, a los amagos de terminar, pedimos más, una, dos y hasta tres veces, y cuando ya no les quedaba repertorio y parecía que iban a marcharse, le preguntamos a los locales como se pedía en tailandés la canción que nosotros conocíamos. Y como dos buenos escandalosos españoles gritamos las cuatro palabras sin parar hasta que los músicos volvieron al escenario.

Había una pasarela, como un andamiaje cubierto de tela, que unía el escenario con el lado del público, cruzando el rio. Este paso diseñado para cruzar el cableaje y para que pasen los técnicos, lo utilizamos en el desmadre final, animando a todo el mundo a conquistar el escenario. El cantante no se marchó hasta que la canción no terminó y el desconcierto reinó entre la organización. Aquí no hay gorilas ciclados, ni expresidiarios encargados de la seguridad, ni tampoco suele haber descerebrados que demanden tales medidas, así que sacamos al personal de la tónica general.

Tras el final de la revolución, nos fuimos con uno de los colegas thai que habíamos hecho, y juntos, ayudamos a la mujer a recoger el puesto de juguetes que tenía en la feria, después nos llevaron al hotel, y a la mañana siguiente nos fuimos sonrientes de Ranong, habiendo vivido otra fiesta diferente.

martes, 20 de mayo de 2008

Maratón: Ko Tao - Ranong

15 de Abril de 2008, fecha obligatoria de salida de Tailandia, y nosotros despertando en nuestras hamacas colgadas en el muelle de KoTao. Tan sólo las 8:00am y el movimiento del puerto era imparable, los clientes se agolpaban sin tickets en los pantalanes buscando el barco que les llevara a tierra firme, era el día de resaca en la isla y la mayoría de los visitantes locales amplían el final de las vacaciones.

Despertamos con el ruido de los taxistas y marineros que se hacían hueco entre nuestras intrusas hamacas, para descansar del sol mañanero. Con las legañas pegadas a los lacrimales y el cerebro iniciando actividad, nos dirigimos a las taquillas de las diferentes compañías que viajaban a Chumpon, y nos quedamos sin palabras al recibir la respuesta de "AGOTADO".

Nos esperaba una multa por retraso en la salida del país, en su correspondiente oficina de inmigración, 500 Bats por día. Ese fue nuestro pensamiento, la isla nos había abducido y las posibilidades de llegar a tiempo a la frontera con Birmania, en la ciudad de Ranong, se nos estaban empezando a agotar.

Comentamos nuestros problemas entre los taxistas, al menos para desahogarnos, contamos que habíamos perdido el barco la noche anterior, también contamos que nos tuvimos que quedar en el muelle esperando al barco de la mañana, que incluso durmiendo en el puerto no había tikets para nosotros, les conté hasta que todavía me dolía el tobillo de mi accidente en el barco de la isla perdida de Camboya.

Contamos tanto que Dios vino a vernos: con un par de llamadas nos consiguieron dos tickets hacia Ranong y un amigo de los taxistas, un maestro del masaje en la isla, me agarró el tobillo, lo untó bien en Bálsamo de Tigre y me empezó a contar las razones de mi dolencia, me explicó cómo tratar de curarlo durante el viaje y me dio un masaje más fuerte que el vinagre. Así que cojeando con una sonrisa de oreja a oreja nos fuimos hacia el barco.

Confirmamos nuestro billete en la ventanilla y empezamos la espera. Al pantalán no hacía más que llegar gente, tanta que no se podía sentar nadie y el sudor resbalaba entre todos, los mareados no se podían caer porque no había sitio y nosotros rezábamos por que el barco llegase a tiempo.

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El representante de la compañía pidió silencio para dar algunas explicaciones. Habían vendido cerca de trescientos billetes y en el barco sólo cabían cien personas más, por lo tanto pidió voluntarios que se prestaran a cambiar su ticket para el día siguiente. No hubo ni una persona que se ofreciese, y un murmullo en varias lenguas se corrió entre los pasajeros.

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Cuando el barco llegó la gente fue muy educada, pero humana, y hubo varios intentos de abordaje desmesurado perpetrados por nosotros los primeros, y es triste, pero unos subimos y otros se quedaron, y es que aquello era una jungla pintada de rosa: marineritos pincel, barco precioso, atención al cliente, y luego no saben alimentar la demanda de la operación salida anual de la fiesta grande de Ko Tao.

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El caso es que el final subimos y llegamos a Chumpon. En el viaje la mayoría de los pasajeros eran Tailandeses de vacaciones, nos pasamos todo el trayecto charlando con tres chicos que viajaban con sus parejas, menos uno, que era el borrachín gracioso del grupo; riendo con ellos mientras mirábamos a un par de "lady boys" fotografiándose en cubierta.

El puerto de Chumpon es como la desembocadura de un caudaloso río, y se mete tierra adentro varios kilómetros. Los barcos pesqueros, todos pintados de colores similares y de forma casi idéntica, están amarrados por decenas a los lados, como coches aparcados en batería, y podía haber cientos si mis cálculos no me traicionan.

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Tras hablar con nuestros nuevos amigos Tailandeses de nuestros planes, de nuestra carrera a la desesperada por su país, se ofrecieron en llevarnos a la estación de autobuses de Chumpon en su coche y nosotros accedimos encantados. Solo había un nuevo problema, las fiestas de Chumpon no habían terminado y hoy era el día grande, y las calles estaban colapsadas por batallas de agua y talco. Por lo tanto, salimos a afrontarlo.

No me quiero ni imaginar nuestra situación, saliendo de la zona de desembarco a la calle a preguntar por la estación a toda la parranda de enagenados; con nuestras mochilas, ordenador, cámaras... etc. Gracias a dios no fue así, salimos casi escoltados, con la cabeza agachada y corriendo, como en un campo de batalla y nos dirigieron a un pick-up que nos evacuaría lo más rápido posible de la zona. Nadie nos libró de empaparnos, ni de llenarnos de talco mentolado, pero al menos nuestro material electrónico llegó a salvo al lugar donde nuestros nuevos amigos tenían su vehículo.

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Aquí esta fiesta la acepta todo el mundo, aunque no les guste, les perjudique o no puedan disfrutarla. Aquí nadie se queja y mucho menos se enfada. Así que ahí estábamos, todos empapados en el coche del colega dirección a la estación de autobús. Pero claro, no iba a ir todo rodado ya desde Chumpon, ¿verdar?. No, en la estación no había autobuses a Ranong y tuvimos que ir en unas mini van que salen desde el mercado central. Nos despedimos y quedamos alucinados de que aun con la cantidad de energía gastada e inconvenientes que les habíamos causado a este grupo de colegas, estaban encantados de habernos ayudado y nos pidieron por favor volver a visitarles algún día.

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Llegamos en furgoneta a Ranong, a las 17h y la oficina de inmigración cerraba a las 18h, y corrimos buscando un conductor que nos llevara hasta allí, haciéndonos entender gracias al código internacional de cómo decir sellado de pasaportes en una ciudad fronteriza, que consiste en golpearse con la mano derecha cerrada, la palma de la mano izquierda, como sellando algo.

Y por fin llegamos a inmigración, y si esto fuera una película de Hollywood, seríamos los últimos turistas que pueden colarse por la altísima verja a punto de cerrarse en la frontera, mientras el policía les intenta frenar y ellos gritan: "somos ciudadanos americanos" y todos se abrazan y la música suena. Pero señores, esto es la puta realidad!! y no hay preferencia más que el dinero, y si nos permitían pasar, perdían 500 Bats de multa, así que por llegar al límite, tuvimos que darnos la vuelta y marchar a descansar. Además conviene aclarar que estas fronteras no tienen verjas, ni siquiera puertas, la naturaleza separa Ranong de el extremos sur de Birmania con un mar y diversas islas repartidas entre los dos países. Así que lo que hay son barcos, y mucho negocio con el tema de los visados.

Nos retiramos, con el consuelo de que lo importante es participar, y al menos ya habíamos conseguido salir de Ko Tao, y nuestros únicos planes eran extender nuestra estancia en Tailandia y dirigirnos a Krabi.

Pasamos la noche en una curiosa guest house muy bien cuidada, con parking, diferentes tipos de habitaciones y unos empleados muy amables. Lo raro era el lugar, paralelo a la calle del puerto fronterizo, con olor a pescado procedente de los almacenes colindantes, las calles inhóspitas de polígono industrial y sin turistas. Así que dejamos las mochilas y nos fuimos a comer, nos dieron un par de indicaciones y nos dirigimos a la zona del mercado del barrio. El suelo estaba mojado, y algunos ancianos sentados en la puerta de sus casas nos miraban con complicidad, los niños corrían a nuestro alrededor y una música dance como la de los coches de choque sonaba cada vez más cerca... entonces nos dimos cuenta, cuando una tropa de jóvenes untados en polvo blanco y empapados de arriba a abaje empezó a correr hacia nosotros con cubos de agua, perfumes, talco y mucha fiesta en el cuerpo. Nos dimos la vuelta y corrimos a poner nuestras cámara de nuevo en lugar seguro, y volvimos preparados, nos sentíamos ya veteranos de aquella fiesta que habíamos vivido por todo el país.

Nos resultó muy curioso que todos los chavales jóvenes fueran tan exagerádamente amanerados, saltando empapados en agua, y locas de emoción al vernos, gritando como Boris en crónicas marcianas, y llenándonos de perfume de mujer entre manguerazo y manguerazo. Pasamos el campo de batalla y comimos en el mercado como Dios, mientras divagábamos y nos dábamos cuenta de lo importante que es sentirse seguro. Nos dimos cuenta de que al principio del viaje ese barrio nos habría asustado y ahora nos atrae, nos llama a interactuar con la gente más auténtica. Nos gustó el lugar.

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Al día siguiente volvimos a nuestra misión, tempranito pagamos nuestra multa en la oficina de inmigración y sellamos nuestra salida de Tailandia, luego negociamos un barco barato hacia Birmania, y nos embarcamos con un espabiladísimo Birmano de unos de 14 años y cruzamos las aguas.

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El escenario era de un estruendo continuo, los largos barcos como góndolas con motor de coche retumbaban con el griterío de la multitud en los diferentes check points del canal. Las aguas se veían densas como el aceite y los barqueros debían de tener una tendinitis tan grave como su sordera. Los templos con pagodas doradas estaban en cada islote de camino a Birmania, con puestos militares tailandeses, de aspecto imponente. El tráfico incesante, y el sol criminal.

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Desembarcamos en el puerto de un pueblo a los pies de una colina, y el paisaje se seguía plagando de brillos procedentes de las pagodas. El caos aquí se multiplicaba, la fiesta del año nuevo se estaba celebrando ese día, estábamos destinados a seguir la ruta del agua hasta su agotamiento. Pero allí los vimos salvajes, divertidos, desatados, mucho más que en tailandia. Era como haber viajado cincuenta años atras en Tailandia y haber vivido la misma celebración.

Mientras estában sellando nuestro pasaporte, nos bebimos unas cervezas, mucho más baratas que en Tailandia, y nos quedamos atónitos, todos los coches cargados de personas empapando a todo el mundo, las motos con los silenciadores arrancados creando un estruendo como el de los barcos del canal, los autobuses centenarios sin cristales y los chavales ofreciendo Ketamina a los turistas... era mundo aparte.

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Nos dieron un visado de 28 días en Burma, pero sin poder salir de un radio de 9km alrededor de la ciudad. Así que nos volvimos a Thailandia, y con intención de llegar a Krabi en ese mismo día, pero ¿fue posible?

domingo, 18 de mayo de 2008

Ko Tao

del 31 de Marzo al 15 Abril 2008

Con mirada melancólica perdíamos de vista Ko Phangan. Chand nos había despedido en el pier con su característico talante de intelectual fuera de lugar, con el alma arrastrándole por el suelo y con su moto que tanto quería.

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El barco rodeó un poco la isla de Ko Tao para aproximarse al pier, y en la costa se veían los resorts de diseño, cuidando el entorno y extendiendo sus bungalows y pasarelas que los comunican por las rocas difíciles de sortear, hasta las calas privadas y los arrecifes para el snorkel.

La isla es más pequeña y salvaje que Ko Phangan. La historia cuenta que primero sirvió de cárcel y tras una amnistía general empezó a habitarse mucho más tarde que el resto del archipiélago de Suratani, por lo que su explotación ha sido más lenta y reciente. Aunque ahora las escuelas de buceo y los servicios turísticos cubren sus principales playas.

Este es el mayor atractivo de Ko tao, el buceo, pero ahora que conocemos el punto de vista de los profesionales, debemos recordar que no es por su atractivo natural sino por sus precios; el lugar es precioso para hacer submarinismo, el agua esta caliente, hay coral, tortugas, tiburones... y multitud de especies maravillosas que dejan al novato impresionado, pero que si has frecuentado otros lugares como Ko Phiphi o las islas Similan, no tiene mucho de especial.

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Nuestro caso era distinto, nuestra experiencia en las inmersiones submarinas cero, y nuestro presupuesto bajo; así que habíamos caído en el lugar perfecto.
Al llegar al puerto vimos un agradable ambiente distendido, con taxistas y representantes de hoteles y escuelas de buceo, como en cualquier desembarco, pero a su vez todo accesible por tu propia cuenta. Buscamos lo primero la escuela de buceo, ya que nos habían informado de que haciendo el "open water" la mayoría ofrecían alojamiento gratuito.

Tras comparar en varios lugares nos decantamos por Easy Divers, donde una joven italiana muy agradable nos conquistó, en parte por ella misma y porque nos informó de que en la escuela había un instructor vasco, y nos inspiraba confianza el poder saber del curso con un paisano en nuestro idioma.

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En menos de tres horas en la isla, ya estábamos alojados en un maravilloso complejo a pocos metros del centro de buceo, y viendo el vídeo de introducción de PADI. El alojamiento que nos dieron, maravilloso, con las clases donde estudiaríamos la teoría al lado de nuestro bungalow, y con el mejor ambiente que podríamos desear.

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Los tres días del Open Water pasaron volando y como un sueño, como una psicodelia sana de nuevas experiencias. Nos dimos cuenta de que como viajeros, el conocer el mundo submarino era una de las maneras más interesantes de viajar, ya que sabemos más de la superficie lunar que del fondo oceánico, así que abierta la primera puerta, nos lanzamos directos a por el segundo curso: el Advance.

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Nuestro instructor del Open Water fue Jo, un Escocés de origen alemán, que dejó su vida de manager de un famoso club en Edimburgo, por el deporte vago de respirar bajo el agua y enseñar a otros a hacer lo mismo. Sus explicaciones eran amenas y bajo el agua inspiraba una seguridad que nos hizo disfrutar cada segundo. Su estilo alternativo y la rebeldía controlada de un experimentado instructor nos creó una gran simpatía y aunque en el curso siguiente no estuvimos con él, este pidió ser el guía de nuestra última inmersión, el "night dive", a modo de despedida.

En el Advance cambiamos de instructor, un joven norteamericano llamado Gannon, con el que también lo pasamos de lujo. Este curso consta de "adventure dives" que te preparan para diferentes tipos de inmersiones y actividades bajo el agua.
Nosotros hicimos:

"Underwater naturalist", una inmersión de lo más placentera en la que uno se dedica a observar las profundidades, a identificar especies y a portarse bien con el entorno, es un "fun dive"; muy compatible con quien tenga una cámara y esté haciendo "underwater photography".

"Underwater navigation", esta fue una inmersión más didáctica, con ejercicios de orientación con brújula y contando los metros recorridos, a través del tiempo, la presión de nuestro tanque o los "kick cycles". Además de la interpretación y comprensión del mapa de la zona que estábamos buceando. Fue divertido ya que nos encontramos por primera vez perdidos bajo el agua, solos, sin experiencia y con la necesidad de orientarnos a la fuerza para encontrar el camino de vuelta al barco. Xavi, estuvo muy hábil y llegamos sin problemas.

"Peak performance buoyancy", en mi opinión el más útil y de uso constante en cualquier inmersión. Se trata de el auto-control de la flotabilidad. Primero saber cuantos pesos necesitamos para conseguir una flotabilidad neutra, y luego, cargar nuestros pulmones de aire para subir ligeramente y vaciarlos para descender. Importantísimo para sortear los corales, controlar tu dirección y, al fin y al cabo levitar, usando la menor energía posible para que los dives sean largos y placenteros.

"Deep dive", importantísimo si queremos bucear sin limitación en el ámbito del buceo recreativo, hasta 30m. Mi anécdota fue que en el deep dive gasté mi aire demasiado deprisa y para no hacer subir a todo el grupo, Gannon me propuso cambiarnos el BCD (chaleco de flotabilidad), con su correspondiente tanque y los reguladores bajo el agua; una práctica de emergencia que me gustó tener la oportunidad de ejecutar.
En el "deep dive" también es común la narcosis de nitrógeno, que es una sensación de embriaguez, como si estuvieras borracho o drogado, causada por el nitrógeno a partir de cierta profundidad dependiendo de la persona, y tristemente yo no lo pude experimentar, un pedo limpio y sano, una pena. A Xavi si que le subió un poquito el nitrógeno... que suerte!!

"Night dive", el mejor, una experiencia inolvidable. El deep dive como ya he dicho lo hicimos con nuestro instructor del "open water" a modo de despedida. En el barco, el capitán que ya sabe que nos gusta bailar por inmersiones anteriores, nos puso música para animarnos; salimos al atardecer y llegamos al punto a explorar ya de noche. Saltar al agua en la oscuridad ya es extraño, pero aun más extraño resulta ver los diferentes focos de las linternas de tus compañeros bajando a las profundidades del océano. Parecía una expedición lunar, con ese silencio de ruidos respiratorios y sonidos sordos difíciles de identificar, y los buceadores uno a uno descendiendo por la guía.
Se dice que en el night dive el aire se consume más despacio ya que tu mente solo se concentra en un punto, donde tu linterna apunta y no usas tanta energía. Nosotros, con las linternas nos dedicamos a ayudar a las barracudas a encontrar presas y divisar combates de bestias submarinas. Vimos una gigante tortuga comiendo coral y apagamos las luces sentados en círculo en el fondo para ver las reacciones del plancton, que provoca destellos fluorescentes al agitar el agua.

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Durante los días del curso hicimos buenos amigos, como Fred, que andaba por el mundo dejandose arrastrar por la corriente; de nacionalidad francesa y espíritu aventurero venía de Europa cruzando el charco tras diez o doce meses de viaje. Él vivía en el jardin, en su tienda de campaña individual... que rápidamente adaptaba cuando conocía a una buceadora de paso, aunque la mayoría de las veces le alojaban ellas a él en sus apartamentos con cama y baño propio.

El barrio en Ko Tao era de lo más dispar, nosotros vivíamos en el extremo sur de la costa oeste de la isla, al final de todo el bullicio, pero a su vez relativamente cerca del mismo. Pasado nuestro resort ya solo había complejos perdidos en los recobecos de las calas lujosas, discretos y difíciles de encontrar. En cambio al otro lado se extendía el ambiente, empezando por el pier hasta la playa de las fiestas y los establecimientos más antiguos de la isla.

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En nuestra calle había tres burdeles, una furgoneta hippy aparcada hecha bar y un centro de comida, que constaba de tres restaurantes locales en puestos abiertos a la calle, nos hicimos asiduos a uno de ellos y entablamos muy buena relación con la familia. El padre era el cocinero y sus hijas mayores las camareras, que hablaban un poquito de inglés. la hija pequeña estaba de vacaciones y se pasaba el día entreteniéndose con cualquier cosa y jugando con los clientes que se dejaran. Nosotros ya éramos como primos de la familia, nos invitaban a probar sus manjares de marisco, enseñarnos de donde traían los anacardos, o prepararnos para comer cualquier experimento que les pidiésemos.

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Empezamos a pensar en irnos hacia nuestra próxima aventura, además en tres o cuatro días nos caducaba la visa y teníamos que hacer una entrada en Birmania para renovarla. Así que esa noche desalojamos la habitación y nos refugiamos en la posibilidad de colgar las hamacas en el jardín, total, ya éramos amigos de la gente del barrio y esto nos ponía más cerca de marchar pero, a la vez nos brindaba la posibilidad de un día más.

Sacrificamos un día en la noche de los bolos, curiosísima velada repleta de diversión. Salimos como si fuera nuestra despedida y la escuela al completo había quedado para una partida de bolos en un local de la zona. ¿Bolos en Ko Tao? me pregunté, y efectívamente, una galería de cuatro pistas sin contadores, ni mecánica ninguna, hasta recoge-pelotas y coloca-bolos thai corriendo el riesgo de llevarse un bolazo desviado.

Salimos de la bolera ya un poco pedo y con ganas de jugar una partida de billar, y lo único abierto cerca de casa eran los burdeles, por donde pasábamos cada día para ir al super, o a la playa, y donde ya las chicas que te llaman desde las terrazas nos conocían, así que fuimos a jugar un billar sin compromisos. Conocimos al dueño, un inglés en silla de ruedas, que había sido buceador en la isla y tras un accidente de moto quedó inválido y al menos allí, sus chicas le cuidaban.

Seguimos calle abajo tras la partida de billar y la cerveza de más. La música del siguiente burdel estaba más alta de lo normal, era un karaoke thai a toda pastilla y una gran barbacoa en la terraza. Si darnos ni cuenta ya estábamos dentro, con un micrófono en la boca, y cantándole el cumpleaños feliz al dueño; este agradecido por nuestra espontaneidad nos invitó a comer y nos pusimos cerdos. BBQ de pescado, pollo, patatas, calamares... nos llenamos, bailamos un poquito para bajarlo y nos marchamos a dormir.

Habiéndonos retrasado un día, nos tentamos a retrasarnos otro, ya que la fiesta del año nuevo Tailandés se acercaba, los dos próximos días iban a ser los más divertidos del año en la isla, y claro, entre la resaca y tal tentación nos quedamos.

Pasamos el día bebiendo zumo, curando las picaduras de mosquitos asesinos del jardín donde colgamos las hamacas, y preparándonos para el día siguiente. Compramos pistolas de agua de gran calibre, una grande, de repetición, y una recortada de dos disparos certeros para los asaltos.

Esa noche se supone que sólo eran los preparativos; la gran batalla era al día siguiente continuando con una fiesta por la noche hasta el amanecer. Pero nuestro equipo no podía aguantar más y fuimos a probar nuestra artillería a los bares de la playa.

A la mañana siguiente despertamos peor que la mañana anterior, sin armas, ni munición, lo habíamos perdido todo, y lo que no, estaba empapado, desde el pasaporte, billetes de avión, dinero... y amanecimos en la gran fiesta, con niños en el jardín empapándonos de nuevo.

En esta festividad todo el mundo participa y nadie se queja, la isla se vuelve un campo de batalla. Así que nos prestamos como mercenarios a ir en el pick-up del hotel a recorrer la isla de punta a punta. Es como una procesión de coches llenos de niños armados para inundar lo que se les ponga por delante, motociclistas llendo al trabajo con el cuerpo empapado y llenos de polvos de talco, que es otro complemento en la batalla, y muchos son mentolados, así que incrementa más el frío que produce el agua.

En el coche llevábamos dos tanques de agua donde llenábamos los cubos pequeños y hacíamos paradas clandestinas para echar hielo al agua. Nos encontrábamos con la carretera cortada por grupos de jóvenes con mangueras y música techno a toda máquina. A cada diez metros había una batalla diferente, así que entre el aire, talco y manguerazos la resaca se nos pasó y entre las bajas de la batalla encontramos armamento para la noche.

Dormimos un rato y nos dirigimos a la playa, allí el festival acababa de empezar, en una carpa se concentraba casi todo el munto, al dj lo habían protegido creándole una perfecta cabina a prueba de mangueras con lonas de plástico transparente, las mesas de billar también estaban cubiertas pero por lo demás daba igual estar el la barra pidiendo, que en el mismo mar nadando, no te librabas del agua.

Nos convertimos en auténticos comandos y censamos a los presentes a base de chorros en la cabeza mientras bailaban, aquí recordé mis guerras de agua con Anais en el club "Ocean Rooms" de Brighton, donde enjabonamos las manos del dj, Domingo, mientras estaba pinchando y donde la pista de baile se convertía en una piscina un tanto underground.

Tanto recuerdo de Brighton que se materializó algo: Dos chicos vinieron hacia mí y absortos preguntaron "Juanma??" y me pareció increíble, resultaban ser dos niños, ya creciditos, que en mi primerísima etapa en Inglaterra venían a comprar bocadillos a Subway, donde yo trabajaba.

La noche estuvo llena de coincidencias, mucho más de lo normal, desde un grupo de españoles de Alcazar De San Juan con amigos comunes hasta el encuentro con "El Negro" de Corbera, amigo íntimo de una amiga nuestra de brighton, Kuki. No terminamos ahí, otros españoles de Madrid conocían a Lola, otra incondicional de Brighton hace un par de años y a su amigo Peter, el dj que dio el nombre a nuestro colectivo, el dj Zapatilla; por una vez que este había pinchado en Madrid.

Tras una noche así y tal preludio, nuestro cuerpo no daba para más, Xavi y yo amanecimos en lugares diferentes y nos encontramos por casualidad en el bar de siempre, donde los dos fuimos a recomponernos desayunando unos fruit shakes. Y la decisión, más que por nosotros, fue tomada por el propio pasaporte, donde la fecha limite de estancia en el pais era la fecha del día siguiente.

Nos dispusimos a embarcarnos en un carguero nocturno y así ahorrarnos una noche de hotel, teníamos que llegar a Ranong y de ahí cruzar a Birmania en el día siguiente, pero el destino nos volvió a poner otra zancadilla. Esta vez ya nadie nos creía, debía ser la cuarta vez que nos despedíamos de algunas personas. Y esa noche era un ultimátum, esa noche eran despedidas reales. Nos dirigimos al puerto, pasamos por el restaurante familiar donde hicimos la ultima cena y de camino al pier, encontramos a otro amigo francés en un bar, tomando las ultimas cervezas y nos deseamos lo mejor hasta futuros encuentros.

Al llegar al muelle, no había barco de las 22h, el ultimo había sido a las 21h, y por ser ano nuevo, habían recortado servicios. Así que la maraton del día siguiente iba a ser de lo mas graciosa, intentando llegar a la frontera del país antes del medio día, con la mayor fiesta del ano por todo el territorio nacional.

Nos volvimos al bar del francés y pasamos un magnifico rato. El bar era de unas chicas masajistas, que tenían el local de masaje colindante al bar, y el tipo francés, alucinado por la buena mano de las chicas invito a Xavi a experimentar lo mismo, como regalo de consolación por llegar los últimos a un barco que ni siquiera existía, supongo.

También se unió a la velada un autentico majara, un aleman que venia borracho perdido escuchando canciones de Ska-p en el movil, con una chica que se la veía también curtidita y con una gran moto de cross nuevecita; de la cual hablaba como si fuera su novia dejando a la chica en un segundo plano.

Nos empezó a contar sus múltiples accidentes en moto y a enseñarnos sus cicatrices; tenia el pelo largo y lacio y era bastante rellenito, no gordo, pero con unas buenas tetas y un flotador hinchadito. Nos pregunto que si sabíamos conducir y que si queríamos probar su moto, Xavi acepto encantado y diero una vuelta por el pueblo. Xavi volvió riendo y diciendo que con ese tío conduciendo no se montaría en la vida, y que mientras iban por las cuestas el tipo, iba pidiéndole que le apretara a fondo y que pusiera la moto al limite.

Dentro de su desastre mental, borrachera y locura en general; las chicas dueñas del bar supieron llevar muy bien su estado y hasta se rieron con la situación. Y por fin cerro el bar. Y Xavi y yo en la calle, sentados en la puerta del bar con las camareras preocupadas por nosotros, y diciendonos que si queríamos salir de copas con ellas y así no hacia falta dormir en ningún sitio... pero copas era lo que nos había sobrado en los últimos días de Ko Tao y muy muy a nuestro pesar tuvimos que rechazar la oferta.

Nos instalamos en el techado donde se ponen los taxistas en el puerto, plantamos nuestras hamacas y dormimos hasta el día siguiente. A cinco metros estaba la escuela de buceo, y nos despertaron riendo nuestros compañeros, de los cuales ya nos habíamos despedido cinco o seis veces.

Y de ahí marchamos en una loca operación salida, ultimo día del ano nuevo y con todo el país tratando de recomponerse tras el evento.

martes, 13 de mayo de 2008

Atrapada Ko Phangan

No soltamos la moto ni un día de nuestra estancia, hicimos la isla nuestro barrio, donde conocíamos a los tenderos de las tiendas, los dueños de los bares perdidos en la montaña y teníamos diferentes colegas en los diversos lugares, y esto nos atrapó.

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Descubrimos las playas buenas para el baño, las buenas para el buceo, las vistas del atardecer, los caminos a las cascadas.

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Lugares como Ko Maa, un islote al norte de la isla que con marea baja era accesible andando, y donde tan solo había un bar de reegae, poquitos bungalows, una zona ajardinada paradisiaca y lo demás selva intransitable.

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El atardecer en Ko Maa se convertía cada tarde en un mar de tenues diferencias tonales que se fusiona lentamente con el gris empapado en rosa que el cielo aporta, otra isla, otra nube; de vez en cuando un barco... el atardecer arranca con romanticismo y camino a la noche, en el segundo después de que el último rayo deje ese fin del momento en el aire; un tornado de creación se abalanza sobre ti.

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Cientos de sonidos y de bichos, de mosquitos y farolillos de aceite, guiándote a un improvisado "chill out" en la playa con algún rastafari tocando la guitarra, y la hoguerita reanuda la marcha del día anterior; y mientras, un alarido del volumen de las sirenas, se extiende por las ramas de los árboles y las palmeras; los tobillos empiezan a picar y el inseparable Relec es demandado de nuevo. Debía de ser la alarma del principio de la velada, ya que en pocos minutos el silencio y el piar de los pájaros en la jungla de enfrente toman lugar.

Un día que nos animamos a volver al lugar de los hechos, donde la full moon party ocurrió, encontramos otra fiesta. Uno de los garitos de la playa tenía un dj europeo pinchando y a un par de cientos de personas bailando en la playa. Esta parecía una fiesta más accesible, donde podías conocer a la gente y bailar a tus anchas, y al terminar encendieron en fuego una cuerda gigante para saltar a la comba, y dieron la oportunidad a todos los afectados por los buckets, de saltar y jugar con el riesgo de marchar directos al hospital. Hasta Xavi saltó y milagrosamente no hubo heridos.

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Esa noche conocimos a Belén y Carolina, dos chicas de valencia muy majas, de las que nos convertimos en compañeros de viaje durante su estancia en Ko Phangan, tanto que hasta nos mudamos juntos a la reegae village, un lugar muy diferente a nuestra casita de playa y a la choza de nuestro ya hermano Chand, un lugar difícil de describir. Lo encontramos de la siguiente manera:

Habíamos decidido costear hasta el norte de la isla esa mañana, y terminamos costreando al norte de la isla hasta la noche.

Sin perder de vista el mar a mano izquierda, a los lados de la carretera, los palmerales refrescaban el aire de sales y aromas tropicales.

Nos detuvimos en una con cruce, a la izquierda, cuesta abajo, la playa y de camino, una zona urbanizada, de las más bonitas en el standard Thai; que son las palmeras dando entrada a la jungla casi a los pies de la playa, los resorts, internet cafés, sensación de poca vida local y muchos servicios turísticos. Pero en cada negocio, en cada casa, en cada resort, una novela.

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Nuestra novela es "Reggae Village Resort", un oasis de tranquilidad y surrealismo. Una vez más, otro capítulo de la saga de vivencias y escenarios dignos de cualquier excentricidad "Hollyboodiense".

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Bob Marley con su hijo

Son varios negocios, una agencia de tours y alquiler de equipo deportivo; un internet cafe, un par de restaurantes, y la villa conquistando la montaña, y un detalle, en lo más alto de la colina, un campo de tiro, auténticos "bufalo soldiers".

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Cuando Xavi y yo, atraídos por la estética, la tranquilidad y el todo que ese lugar desprendía, nos decidimos a preguntar si tenían bungalows baratos, de 200 o 250 Bats. Además, Belén y Carol, estaban en pleno escenario fullmoon, en uno de los resorts de la playa más comercial de la isla y querían encontrar otra cosa.

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Antes casi de preguntar por el alojamiento, ya teníamos un bong en la boca, mientras el patriarca de la villa picaba más marihuana en una tabla de cocina. Andaban construyendo un techado para el generador, y pretendían clavar a martillazos una estructura metálica a unos pilares de madera, y ahí nos pusieron a currar, en el degenerado proyecto de los más fumados del lugar.

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Al final conseguimos dos maravillosas casas en la colina, de cemento, con tres ventanas, hamaca, baño en la habitación y todo nuevo y limpio. Y siempre que quisiéramos relajarnos el patriarca estaba en su choza con la tabla de cortar y su bong de bambú escuchando reeage y charlando con el resto de los huéspedes.

Hicimos un par de visitas turísticas más alrededor de la isla, como una a una cascada seca y fea que casi nos cuesta la vida llegar, por unos caminos agrietados por los monzones, pero una experiencia, como todo.

Y de "Reggae village" a Ko Tao, paraiso mundial del submarinismo, o eso nos dijeron, y a comprobarlo que fuimos....

domingo, 11 de mayo de 2008

Full Moon Party Ko Phangan

Esa noche fue la famosa y esperada "full moon party", y muchos miembros de la oreja perdida, aunque no todos, pero quien faltó fue por motivos bien justificados (va por Xavi Valencia... que lo sabemos todo jejeje ya nos contaras) acudieron al evento. Ellos fueron Mara, Darío, Crispi y Beky.

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La isla estaba al rojo vivo, los supermercados como si un tornado hubiera pasado por la seccion de licores y la policía frotandose las manos con cara de pillos, pensando en la de pasta que iban a hacer esa noche.

Nosotros nos embarcamos en la aventura con nuestro mejor ánimo. Fuimos en moto, como casi todo el mundo, ya que la fiesta es en Haad Rin, al extremo sur de la isla, en el pueblo más turístico y en la playa menos perdida y la llegada es por una sinuosa carretera que las cuestas ganan a las curvas en dificultad, y en la mayoria de las veces, el segundo de abordo ha de bajarse ya que la moto no llega a la cima.

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Estaba todo organizado como los grandes festivales, pero con su toque Thai. Primero un control de la policia, con su correspondiente minucioso registro, después parking organizado, obligatorio, y de pago. Para la gente que desembarcaba en un muelle cercano a la fiesta les montaban un check point donde cobraban 100 Bats, por la limpieza de la playa, de la que me rio a carcajadas, ni la Barceloneta tiene esa cantidad de mierda.

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Pero bueno, a eso íbamos, a una fiesta famosa y masificada, a un punto de encuentro, a un acontecimiento puntual, del cual nos habían hablado bastante bien. Y asumimos todo ese preludio, como el que entra en un festival de miles de personas, asume las esperas, la seguridad y lo que sea con tal de llegar al centro de la fiesta.

Eso ocurrió, por fin llegamos a la playa abriendonos paso por las calles de un pueblecito de costa, embrutecido por el evento, con el aspecto de un Benidorm despues de que Inglaterra gane el mundial de futbol. Allí estaban de nuevo, con sus tatoos de cabezas de perro, la piel roja acangrejada, los ojos azules vidriosos desde las cervezas del desalluno y su putita bien agarrada. Gente a la que no vienes a ver a Asia. Así que buscamos el rincón de los nuestros, y sinceramente, nos costó.

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A pie de playa hay una muralla de discotecas con equipos de música que hundirian una flota de veleros, con diferentes estilos de electrónica: Trance, que es el famoso en esta fiesta, y que al que le guste, tal vez podría disfrutar un poquito, Techno, Electro... pero de una bajísima calidad y con un ambiente impersonal y hasta violento a veces.

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Pero ¿íbamos a ser nosotros los perjudicados?, pues claramente no, nos lo pasamos como enanos, como fieras, como animalitos de un zoo sueltos en la jungla; bebimos buckets y buckets, que son cubos de bebida que venden en Tailandia a modo de cubalitros o "minis". Tantos que terminamos bañandonos desnudos y durmiendo en la arena por la mañana, mientras la música de alguno de los PA tdavía seguía sonando.

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La despedida fue una despedida real, el grupo de la oreja perdida se daba de baja en los itinerarios, Beky y Cristina se volvían a Cardif y Mara y Dario seguían la ruta marcada; ahora eramos Xavi y yo los encostrados, los aderidos a la isla, en principio por la resaca y después por las miles de posibilidades que le vimos al lugar.